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Inauguración de la Exposición de Lalo de laPaz

Lalo de la Paz es un hombre sonriente, casi diría que como su pintura. «Yo estudié diseño industrial, luego en Arte y Estudio y de ahí a la Escuela de Artes Aplicadas. Después me fui a Milán, al Instituto Europeo de Diseño para hacer un máster y mas tarde a Barcelona. En el diseño gráfico entré en contacto con la pintura y desde entonces nunca la he abandonado».
Pero no quedó ahí su recorrido por las artes, sino que su pasión por las antiguedades le llevó a tener una tienda y posteriormente a dedicarse al interiorismo. «Creo que las antiguedades y la pintura son mi pasión», afirma, «aunque el interiorismo también ha ocupado parte de mi vida».
Fue seleccionado por el fallecido pintor Paco Molina para la exposición «Pintores para el 92», y aún recuerda sus inicios en la antigua galería de Pepe Cobo, la primera que montó en la calle Martínez Montañés. «En aquel entonces todos éramos jóvenes. Se veía el mundo con otros ojos, aunque yo no me considero de ninguna generación, quizás de la generación perdida», afirma con humor, «casi lo prefiero, porque no me siento identificado con ninguna escuela en particular, ni tampoco con ninguna generación o disciplina».
Sus temáticas pictóricas se centran en el paisaje, los interiores, bodegones y algún tema sobre animales, «pero nada es explícito en mi obra», aparece casi limpio por los colores puros de la pintura de Lalo de la Paz.
El artista afirma que la pintura le deja muy satisfecho, «yo intento trabajar todos los días, y comienzo manchando el cuadro, a veces sin saber muy bien cómo va a acabar, pero poco a poco va tomando forma. El cuadro lo va pidiendo. Pero sí, necesito mancharlos y a veces cuesta saber cuándo lo vas a acabar».
Confiesa que algunos lienzos los deja contra la pared, «más de una vez. Es que al pintor le tiene que gustar su obra y lo más difícil es decirle el sí a algo. Uno no puede despistarse ante su pintura, sino que debe ser exigente».
Ante el mercado y el marketing del arte se muestra cauto, «porque yo creo que la creatividad es la del artista y muchas veces ocurre que el creador se pliega ante las exigencias tanto del mercado como del galerista. La muerte de la pintura es transigir al mercado. Eso no es bueno para nadie. Hay que hacer lo que uno quiere hacer y lo que debe, de otra forma en la obra se nota ese desacuerdo entre lo que uno quiere y lo que uno hace. Hasta a Murillo le pasó, al final se plegó a un mercado que le exigia más y más. Lo que ocurre es que los artistas creemos que pintar bien es suficiente y que los demás lo contarán, y no, en la mayoría de las ocasiones no es así».
Durante su carrera ha sido seleccionado para la Bienal de Bolonia y participado en numerosos concursos como el de la Diputación Provincial de Sevilla, así como en exposiciones colectivas tanto en Sevilla como en otras ciudades.
Se siente influenciado por la pintura en general, «cualquier cosa te deja un poso», pero si le pides un nombre menciona a Zobel, «y su época sevillana», matiza este pintor que encuentra en la naturaleza y en el mundo que le rodea la mejor inspiración para una pintura que nunca es fugaz.
